Dia: 9 de Agosto, 2017

‘Enquanto isso, numa galáxia muito, muito distante…’

«La defensa de la identidad lingüística por parte de este grupo propició dos acontecimientos destacables. Por un lado, en octubre de 1843, Domingo Faustino Sarmiento propuso en la Facultad de Filosofía y Humanidades de Santiago de Chile un audaz proyecto de reforma ortográfica. Por otro, en enero de 1876, el poeta Juan María Gutiérrez devolvió el diploma de académico correspondiente que le había enviado la Real Academia Española. Todos ellos, pues, fueron tempranos promotores del autoctonismo idiomático, basados en el principio de que uno de los atributos esenciales de una nación libre es la posesión de una lengua propia.»

La lengua propia como ejercicio de la identidad

Oscar Conde

Clarin.comRevista Ñ

José Luis Moure propone una antología de textos que pone al día las discusiones acerca de un español argentino.

 

Más allá de que los intentos de acercamiento de la Real Academia hacia sus correspondientes americanas hayan comenzado a mediados del siglo pasado, ha sido recién en el actual cuando se inició por fin un proceso para el desmantelamiento de la subvaloración del español de América. No hace demasiado –un par de décadas, a lo sumo– que se le reconoce al español un estatus policéntrico. En otras palabras, ya no es defendible la posición que hace del habla de Madrid (o de cualquier otra ciudad de la península) un modelo único y “puro” para más de 560 millones de hispanohablantes. El policentrismo enseña que no existe un solo paradigma de la lengua española, y que las variedades utilizadas en Lima, Medellín, La Paz o Buenos Aires son igual de prestigiosas que las de Toledo o Salamanca.

Los departamentos de español y romanística de diversas universidades europeas y estadounidenses han comenzado ya a trabajar con la lengua sobre la base de este concepto que, lejos de resultar disruptivo o incómodo, parece haberse consensuado dentro de los estudios lingüísticos para poner en su lugar las cosas. La posición clásica del monocentrismo, prevalente no solo durante la época colonial sino al menos hasta mediados del siglo XX, conserva sin embargo muchos adeptos en el espacio simbólico de la enseñanza de español para extranjeros –ámbito en el cual, además de una disputa entre políticas lingüísticas de signo opuesto, está en juego un jugosísimo negocio–. Es que los profesores de español, cuando son españoles, normalmente combaten la tesis policéntrica, ya porque acuerdan con las posiciones político-económicas del Instituto Cervantes, ya por orgullosa convicción patriótica.

Nuestra expresión (EUDEBA), del filólogo José Luis Moure, actual presidente de la Academia Argentina de Letras, se inscribe en una larga tradición de escritos en torno al español de la Argentina, iniciada casi a comienzos del siglo XIX –pocos años después de la Revolución de Mayo– y, más puntualmente, se suma a dos antologías recientes que, como esta, ofrecen testimonios acerca de las distintas posiciones sostenidas a través del tiempo en los debates político-lingüísticos referidos a la existencia o no de una lengua nacional. Tales antecedentes son Voces y ecos (2012), de Mara Glozman y Daniela Lauría, y La querella de la lengua en la Argentina (2013), de Fernando Alfón.

La discusión acerca de un español americano y, más adelante, de un español argentino tuvo como protagonistas, en primera instancia, a los intelectuales nucleados en el Salón Literario, entre otros, Marcos Sastre, Esteban Echeverría y Juan Bautista Alberdi, quien en la sesión inaugural del 18 de junio de 1837 reclamaba ya una lengua nacional capaz de reflejar la nueva realidad de la América libre. La defensa de la identidad lingüística por parte de este grupo propició dos acontecimientos destacables. Por un lado, en octubre de 1843, Domingo Faustino Sarmiento propuso en la Facultad de Filosofía y Humanidades de Santiago de Chile un audaz proyecto de reforma ortográfica. Por otro, en enero de 1876, el poeta Juan María Gutiérrez devolvió el diploma de académico correspondiente que le había enviado la Real Academia Española. Todos ellos, pues, fueron tempranos promotores del autoctonismo idiomático, basados en el principio de que uno de los atributos esenciales de una nación libre es la posesión de una lengua propia.

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“Das várias variantes da língua portuguesa” [jornal “Ponto Final” (Macau)]

«Entre as novidades introduzidas este ano, para além da sessão de cultura macaense, estiveram as sessões de cinema de língua portuguesa. Ambas deverão ser mantidas, na edição do próximo ano, explica a docente: “As tardes de cultura macaense, sim, é para continuar. Este ano também fizemos umas tardes de cinema português, filmes das várias variantes da língua portuguesa. Porque os alunos também gostam e porque é um bom exercício para aprender uma língua”.»

Curso de Verão de língua portuguesa termina com avaliação “francamente positiva”

Sílvia Gonçalves

“Ponto Final” (Macau), 07.08.17

A 31ª edição do Curso de Verão de Língua e Cultura Portuguesa da Universidade de Macau (UMAC) ficou marcada por um acréscimo significativo de alunos, por uma maior assiduidade e ausência de desistências. A coordenadora do curso, Ana Nunes, fala em maior esforço dos estudantes e mostra-se surpreendida com a apreensão imediata que estes fazem das danças tradicionais portuguesas.

Durante três semanas, tomaram contacto com a língua portuguesa dentro e fora da sala de aulas. Numa imersão cultural que incluiu canto, dança, cinema e sessões de história e cultura de Macau. O 31º Curso de Verão de Língua e Cultura Portuguesa da UMAC terminou na passada sexta-feira, numa edição marcada pelo acréscimo de alunos – dos 370 da edição de 2016 para os 450 deste ano – pela ausência de desistências e uma maior assiduidade às aulas. Pelos elementos da avaliação, diz a coordenadora do curso, regista-se um maior esforço dos estudantes, que a cada ano chegam maioritariamente da China continental. Além da vertente linguística, certo é que todos se apropriaram das coreografias das danças folclóricas portuguesas. Como se o fizessem desde sempre, garante a docente Ana Nunes.

“O balanço é muito positivo. Já temos acesso aos elementos da avaliação e percebeu-se que este ano, para além dos alunos estarem presentes em todas as aulas, costumam estar mas dá-me a sensação que este ano eles foram ainda mais assíduos, houve ainda um maior interesse, uma maior motivação. O curso é intensivo, todos os dias das 8h30 até às 13 horas, mas notou-se um entusiasmo verdadeiramente desde o início até ao fim. Na avaliação também se percebe que os alunos se esforçaram mais. Para além das presenças nas aulas, as notas deles, a avaliação deles foi francamente positiva”, conta Ana Nunes ao PONTO FINAL.

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